Un olor a pueblito llega a mi nariz, suena raro eso de olor a pueblito, pero lo uso para definir un olor entre tierra mojada, el sudorcito de la misma tierra provocado por el sol, un poco de comida por aquí y por allá y un poco de la madre naturaleza.
Es un olor usual para mi, ya que en el pueblo de mi mamá allá en Guerrero es común percibirlo por allí de las 9:00 am cuando comienza el sol a iluminar todo el pueblo, la gente sale a regar sus jardines y el movimiento es más que rutinario para ese entonces.
Quizás lo que pasa es que quiero unas vacaciones, estoy muy estresada y no puedo más, o renuncio o me renuevo un ratito, lo malo es que no sé que cuando pedirlas, tengo 4 días si mal no me equivoco y aunque sé que no podré ir a mi pueblito al menos espero descansar en la tranquilidad de mi hogar y en la emotividad de algún lugar discreto con arboles, como Cuemanco, Bosque de Tláhuac o ya en última, el parque de los venados.
Cuando cierro los ojos solo puedo pensar en ese vaivén de la gente en el pueblo, sus risas, sus saludos y sus miradas amables, pasando por un puesto con el grito de alguna señora que me diga ándale muchacha que vas a llevar, muchacha que te llevas, prueba las semitas…etc.

