Quiero compartir este ejercicio que realicé en mi taller de escritura creativa, fue un ejercicio que me gusto mucho, sobre probar ciertos sabores y ver que recuerdos nos traía, y aunque cada sabor fue un recuerdo diferente, opté por el sabor picante, por eso el titulo de la entrada, el escrito original esta a mano, pues como les había dicho es un taller de escritura a mano y les dejo las evidencias del relato escrito, pero lo pase a la compu también por si no le entienden a mi letra.
Es curioso cómo un sabor te puede
evocar recuerdos, aunque ciertamente, de alguna manera, lo había notado, pero
nunca le presté mucha atención, hasta el viernes con el taller de escritura.
Probamos distintos sabores que me
trajeron muchos recuerdos, en su mayoría felices, por eso el que quiero
recalcar ahora es el sabor picoso, principalmente porque me recordó a mis
amigas de la universidad y a una anécdota en específico que tiene que ver con
una tarde del quinto semestre, mis amigas Rocío y Sandra, y su servidora como
protagonistas.
Ese día ya no teníamos clases,
solo estábamos esperando por una conferencia, Sandra se nos había escapado,
bueno, desaparecido y a pesar de ya tener celulares en ese entonces, no eran
tan usados como hoy día; así que solo le mandamos un mensaje para que no
olvidara la conferencia, a la cual teníamos que entrar sí o sí.
En fin, unos veinte minutos antes
de que empezara, llegó Sandra; ella tenía una tez muy blanca, pero ese día se
veía roja como una manzana, extremadamente feliz y un poco tambaleante, ¡estaba
borracha!, Rocío y yo solo nos vimos la una a la otra con cara de asombro y de
risa.
Nunca la habíamos visto así,
además, ya estaba por empezar la conferencia, recuerdo que le dije que fuéramos
por un café bien cargado, y alguien, no recuerdo quién, otro compañero de la
clase, dijo que mejor algo muy picoso, en ese momento, Sandra dijo que tenía
ganas de vomitar y nos acercamos a una jardinera, porque dijo que ya no llegaba
al baño, al final ni vomitó.
En ese lapso ya le habían
comprado el sándwich, pero no uno normal, era uno lleno de chile, no recuerdo,
pero me atrevo a pensar que no tenía otra cosa más que rajas, como ya teníamos
que entrar a la conferencia, pasamos el sándwich de contrabando y a Sandra en
medio de varios compañeros, porque olía demasiado a alcohol.
Nos sentamos hasta atrás para
tratar de no llamar la atención, cosa que fue imposible, ya que cuando sacó el
sándwich todo el auditorio se inundó de un olor a chiles, varios volteaban
tratando de averiguar de dónde provenía el olor, pero creo que nadie se dio
cuenta.
Afortunadamente ese sándwich le
ayudó a que se le bajara un poco la borrachera, y saliendo ya nos fuimos a
cenar algo más formal, pero es una anécdota que nunca olvidaremos, porque
siempre que tengo antojo de algo picoso molesto a Sandra, le mandó un mensaje
diciéndole que tengo antojo de una bolsa de salsa con papas, como las de la H.
FCPyS, o un sándwich de chile que apeste el Flores Magón, así se llamaba el
auditorio, ella siempre me manda una carita con una lengua de fuera.