ESTO ES UN FRAGMENTO DE UN LIBRO QUE ESTOY LEYENDO, BUENO LO EMPECE A LEER HACE COMO UN AÑO CUANDO ENTRE A TRABAJAR LO DEJE, ES EL DE PERDONA SI TE LLAMO AMOR, YA SE LOS HABIA COMENTADO. LA IMAGEN ES DE LA PELICULA.
Habitación añil. Ella.
De repente. Bip bip.
«Mi amor, mañana pasaré a buscarte a las 7. Tengo 1 sorpresa para ti. Siempre dices ke
no soy romántiko. Pero ¡para nstro aniversario t sorprenderé!»
Ella lee el mensaje. Es verdad. Mañana es nuestro aniversario. El primero.
Demonios. Pero esta noche no podemos pasarnos, mañana tengo control a primera
hora. Lo veo venir, me quedaré dormida. Jo. Esta tarde tengo que comprarle un
regalo. ¿«Dormida»? ¿«Tengo que»? ¿«Un regalo»? Pero ¿qué estás diciendo? Eh,
pssst, te acuerdas, ¿verdad? Es aquel por el que te morías el año pasado. Ese que
tiene unas espaldas anchas y ojos de bueno. Ese que tanto les gusta a tu madre y a tu
tía. ¿Entendido? Y ése es... ése. Y hoy hace un año que estáis juntos. Tendría que ser
«quiero comprarle un regalo», o mejor dicho «el» regalo. ¿Y a quién le importa si nos
dan las seis de la mañana? Ya, así es como tendría que ser. Todo un darnos igual. Y
felicidad y locura y ganas de correr, de gritar... Y de amar a tope. En cambio, no es
así. Pero ¿por qué estoy así? Pienso en dormir en lugar de ponerme contenta por el
hecho de salir. Quiero amarlo. Pero no, no. No se dice así. Se dice «lo amo» y basta.
La chica corre a su habitación y abre el armario. Una, dos, tres, cuatro perchas con
bonitos vestidos cortos colgados. Pero lo que falta no es dónde elegir, sino el deseo
de ponerse guapa para él. Luego se detiene a mirarlos uno a uno. Los acaricia con la
mano. Se detiene un momento ante uno amarillo y azul, con pequeños dibujos de
tipo oriental. Su preferido. Intenta imaginarse vestida de ese modo ante él, en el
restaurante. Se estruja la imaginación buscando un regalo que comprarle. Pero no
hay alegría. No hay estremecimiento. No hay nada. Silencio. Miedo. Oscuridad. Y se
echa a llorar con rabia. Llora porque no siente lo que le gustaría sentir. Llora porque
a veces no hay culpa y no quisieras hacer sufrir a nadie, pero te sientes malvada,
desagradecida. Preguntas, demasiadas preguntas para ocultar la única verdad que ya
conoce. Pero otra cosa es admitirla. Admitirla significa doblar en la próxima esquina
y coger otro camino. Luego se busca. Se mira en el espejo. Pero no se encuentra. Es
otra.
De repente. Bip bip.
«Mi amor, mañana pasaré a buscarte a las 7. Tengo 1 sorpresa para ti. Siempre dices ke
no soy romántiko. Pero ¡para nstro aniversario t sorprenderé!»
Ella lee el mensaje. Es verdad. Mañana es nuestro aniversario. El primero.
Demonios. Pero esta noche no podemos pasarnos, mañana tengo control a primera
hora. Lo veo venir, me quedaré dormida. Jo. Esta tarde tengo que comprarle un
regalo. ¿«Dormida»? ¿«Tengo que»? ¿«Un regalo»? Pero ¿qué estás diciendo? Eh,
pssst, te acuerdas, ¿verdad? Es aquel por el que te morías el año pasado. Ese que
tiene unas espaldas anchas y ojos de bueno. Ese que tanto les gusta a tu madre y a tu
tía. ¿Entendido? Y ése es... ése. Y hoy hace un año que estáis juntos. Tendría que ser
«quiero comprarle un regalo», o mejor dicho «el» regalo. ¿Y a quién le importa si nos
dan las seis de la mañana? Ya, así es como tendría que ser. Todo un darnos igual. Y
felicidad y locura y ganas de correr, de gritar... Y de amar a tope. En cambio, no es
así. Pero ¿por qué estoy así? Pienso en dormir en lugar de ponerme contenta por el
hecho de salir. Quiero amarlo. Pero no, no. No se dice así. Se dice «lo amo» y basta.
La chica corre a su habitación y abre el armario. Una, dos, tres, cuatro perchas con
bonitos vestidos cortos colgados. Pero lo que falta no es dónde elegir, sino el deseo
de ponerse guapa para él. Luego se detiene a mirarlos uno a uno. Los acaricia con la
mano. Se detiene un momento ante uno amarillo y azul, con pequeños dibujos de
tipo oriental. Su preferido. Intenta imaginarse vestida de ese modo ante él, en el
restaurante. Se estruja la imaginación buscando un regalo que comprarle. Pero no
hay alegría. No hay estremecimiento. No hay nada. Silencio. Miedo. Oscuridad. Y se
echa a llorar con rabia. Llora porque no siente lo que le gustaría sentir. Llora porque
a veces no hay culpa y no quisieras hacer sufrir a nadie, pero te sientes malvada,
desagradecida. Preguntas, demasiadas preguntas para ocultar la única verdad que ya
conoce. Pero otra cosa es admitirla. Admitirla significa doblar en la próxima esquina
y coger otro camino. Luego se busca. Se mira en el espejo. Pero no se encuentra. Es
otra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Y TU LO DICES ASI: