Todos tenemos algo que decir, sin
embargo, pocos nos atrevemos a decirlo, hay tantas cosas en la mente de uno que
a veces cuesta trabajo expresarlo. Hoy quiero compartir lo siguiente:
Me ocurrió algo muy curioso,
estaba (o estoy pero para efecto del tiempo de mi entrada, estaba) leyendo un
libro que se llama Mirar de nuevo de Demian Bucay, que por cierto lo recomiendo
mucho, y me vino a la cabeza un flash de algo, algo que me paso que me dolió
mucho y que apenas ahora, 5 años después entiendo: la muerte de mi mama (tía),
ella falleció para que mi hermano y yo nos habláramos de nuevo.
Resulta que ahora sé que las
cosas que pasan están todas relacionadas pero no siempre se relacionan igual en
tiempo y espacio, vaya hace 5 o más bien
6 años mi hermano y yo no nos hablábamos, nos llevábamos mal y decidimos no
compartir unas cuestiones por lo que lo siguiente que decidimos fue no
hablarnos, mi mamá y mi tía obviamente se molestaron por ello pues como ellas
decían, “son hermanos”, éramos, somos hermanos y el no hablarnos era algo que
no se concebía al menos en la cabeza de ellas.
Cuando mi mamá Yaya falleció mi
hermano y yo nos unimos por así decirlo, hubo muchos por menores en cuanto a su
entierro y velación pero mi hermano y yo tuvimos que unir fuerzas para que no
nos llevaran entre las patas como se dice coloquialmente, la verdad es que yo
entendía su dolor y sabía que iba a ser la única que podía controlarlo por
decirlo de alguna manera, quizás mas que eso, era la única que sabía que estaba
pasando por su mente.
Si, si me preguntan ahora porque
falleció mi tía, mi mamá Yaya, la respuesta ya no es un no sé, ahora sé que
murió para que mi hermano y yo nos habláramos y mi mamá no se siguiera
sintiendo triste. GRACIAS MAMÁ YAYA.

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