Aun recuerdo la última charla que tuvimos, aunque creo que
son difusas las últimas palabras que emanaron de su boca antes de morir, creo
que en aquellos instantes que fueron eternos pero que marcaban el fin de su
vida, quiso decirme varias cosas, pero no pudo articular palabra alguna.
Recuerdo bien la mirada expresiva de mi madre justo en el
instante en que fallecía, he hablado infinidad de veces sobre ella, mi tía a la
que yo llamaba madre, pero casi nunca he hablado de su muerte, era doloroso
para mí, para toda mi familia incluso, quizás ellos nunca lo superen, pero yo
ya no quiero estar viviendo en la sombra de su nombre y sus recuerdos, sé
perfectamente que siempre estará y será parte de mí, pero no por ello no voy a
dejarla descansar, la amo, la amé y la amaré por siempre.
Estuve con ella en sus últimos minutos, tomando su mano
hasta su último aliento, no me permití llorar, no quería que la imagen que
tuviera grabada en su memoria para siempre fuera la mía llorando, yo deseaba
que ella se fuera tranquila, sin culpas o remordimientos y por alguna extraña
razón creí que si no me veía llorar eso sería lo mejor.
Pocos son los recuerdos que guardo en mi memoria tan a
detalle, y por desgracia o por fortuna, este es uno de ellos, cada palabra,
cada movimiento de las personas que se encontraban en el lugar, las siguientes
24 horas, TODO, todo está en mi mente, cual si fuera un video que se puede
reproducir fielmente sin alteraciones.
Creo que por primera vez no estoy llorando al escribir algo
relacionado con su muerte, eso me da paz y me alegra pesé a la mala ironía. Las
personas siempre están indicando que debemos cerrar círculos, pero a algunos
nos cuesta más que a otros, sin embargo, es cierto, hay que cerrar, y más que
cerrar, hay que crecer, avanzar y dejar de lado algunas cosas, no para olvidarlas
sino para aprehenderlas.

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