Cuando uno escribe para satisfacer la inspiración interior del alma, uno da a conocer por lo escrito, aun sin quererlo, hasta la más mínima fibra de su ser y de su pensamiento.

Germaine De Staël

MEMORIAS

jueves, 4 de junio de 2026

LA MAGIA DEL RECREO

 

Una más de mis historias pal' libro 

Ayer mientras salía a comprar mi comida, no pude evitar verme entre los jóvenes de secundaria que venían caminando en la misma acera, y un breve recuerdo llego a mi mente: en secundaria yo medía el tiempo por los recreos.

 El recreo era importante para mí, no por el descanso, la comida o mis amigas, sino por él, mi primer amor, él iba en otro salón, y aun así yo sabía exactamente a qué hora cruzaría el patio, me sentaba donde pudiera verlo sin parecer obvia y lo observaba como se observa algo que no se toca: con cuidado, con ilusión, con un poco de miedo.

 Un día un amigo llegó con esa noticia que a los catorce años parece cambiarlo todo: dice que le gustas. El corazón me dio un salto torpe, de esos que no saben caer bien, pero cuando por fin intentaron presentarnos, él dijo que mejor no, porque estaba enamorado de otra chica, una que no le hacía caso, yo asentí a mis adentros como si no pasara nada, como si no acabara de aprender que el rechazo también se puede decir en voz baja, yo fingí entenderlo todo y aprendí, sin saberlo, que a veces el rechazo no cierra del todo las puertas, porque después vino lo otro.

 El tiempo hizo lo suyo, nos cruzamos más, nos hablamos sin llamarlo relación, sin nombrarlo, empezamos a buscarnos en los recreos. No siempre hablábamos, a veces solo nos encontrábamos, nos besábamos con esa urgencia torpe y feliz que no pide explicaciones.

 Nunca fuimos novios, nunca hubo promesas, pero había una certeza silenciosa: durante esos minutos, éramos solo él y yo, no pasó nada más allá de los besos, y no hizo falta, para mí eso era suficiente para sentirme en las nubes. Volvía a clase con el corazón acelerado, como si llevara un secreto guardado en el uniforme, fue un cariño inocente, sin peso, sin futuro, pero profundamente real.

 Al salir de la secundaria lo busqué durante años. En redes, en recuerdos, en la gente que decía creo que sí supe de él. Nunca apareció, hasta que, siete años después, el pasado decidió hacerse presente, nos volvimos a ver, ya no éramos niños, hubo un encuentro rápido, furtivo, como un eco de lo que fuimos sin saberlo, como si el destino solo quisiera cerrar una puerta que había quedado entornada.

 Después de eso, nada, no más intentos y eso está bien, porque no todo lo que fue importante necesita durar. Hoy pienso en él sin nostalgia amarga, fue parte de quien fui, de la forma en que aprendí a sentir. No todos los amores están hechos para durar; algunos solo vienen a enseñarnos cómo se siente estar en las nubes… aunque sea un rato.

 Algunas historias solo existen para recordarnos cómo se sentía esperar el recreo, cómo bastaban unos besos para ser felices, cómo el primer deseo no siempre pide nombre para ser verdadero. Y con eso, estoy en paz.

2 comentarios:

  1. Qué historia comadre, esto para mí entra en lo 'paranormal' porque pus nunca me fijé en chavas y viceversa, es un terreno que jamás entendí y supongo que nunca entenderé, pero suena muy bonito.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. se va a escuchar quizas feo pero le juro que no es tan asi, jaja pero es que yo me enamoro en cada esquina jajaja pero es padre estar enamorado, no es padre que no te correspondan

      Eliminar

Y TU LO DICES ASI: