Una más de mis historias pal' libro
Ayer
mientras salía a comprar mi comida, no pude evitar verme entre los jóvenes de
secundaria que venían caminando en la misma acera, y un breve recuerdo llego a
mi mente: en secundaria yo medía el tiempo por los recreos.
El
recreo era importante para mí, no por el descanso, la comida o mis amigas, sino
por él, mi primer amor, él iba en otro salón, y aun así yo sabía exactamente a
qué hora cruzaría el patio, me sentaba donde pudiera verlo sin parecer obvia y
lo observaba como se observa algo que no se toca: con cuidado, con ilusión, con
un poco de miedo.
Un
día un amigo llegó con esa noticia que a los catorce años parece cambiarlo
todo: dice que le gustas. El corazón me dio un salto torpe, de esos que
no saben caer bien, pero cuando por fin intentaron presentarnos, él dijo que mejor
no, porque estaba enamorado de otra chica, una que no le hacía caso, yo asentí a
mis adentros como si no pasara nada, como si no acabara de aprender que el
rechazo también se puede decir en voz baja, yo fingí entenderlo todo y aprendí,
sin saberlo, que a veces el rechazo no cierra del todo las puertas, porque
después vino lo otro.
El
tiempo hizo lo suyo, nos cruzamos más, nos hablamos sin llamarlo relación, sin
nombrarlo, empezamos a buscarnos en los recreos. No siempre hablábamos, a veces
solo nos encontrábamos, nos besábamos con esa urgencia torpe y feliz que no
pide explicaciones.
Nunca
fuimos novios, nunca hubo promesas, pero había una certeza silenciosa: durante
esos minutos, éramos solo él y yo, no pasó nada más allá de los besos, y no
hizo falta, para mí eso era suficiente para sentirme en las nubes. Volvía a
clase con el corazón acelerado, como si llevara un secreto guardado en el
uniforme, fue un cariño inocente, sin peso, sin futuro, pero profundamente
real.
Al
salir de la secundaria lo busqué durante años. En redes, en recuerdos, en la
gente que decía creo que sí supe de él. Nunca apareció, hasta que, siete
años después, el pasado decidió hacerse presente, nos volvimos a ver, ya no
éramos niños, hubo un encuentro rápido, furtivo, como un eco de lo que fuimos
sin saberlo, como si el destino solo quisiera cerrar una puerta que había
quedado entornada.
Después
de eso, nada, no más intentos y eso está bien, porque no todo lo que fue
importante necesita durar. Hoy pienso en él sin nostalgia amarga, fue parte de
quien fui, de la forma en que aprendí a sentir. No todos los amores están
hechos para durar; algunos solo vienen a enseñarnos cómo se siente estar en las
nubes… aunque sea un rato.
Algunas
historias solo existen para recordarnos cómo se sentía esperar el recreo, cómo
bastaban unos besos para ser felices, cómo el primer deseo no siempre pide
nombre para ser verdadero. Y con eso, estoy en paz.
Qué historia comadre, esto para mí entra en lo 'paranormal' porque pus nunca me fijé en chavas y viceversa, es un terreno que jamás entendí y supongo que nunca entenderé, pero suena muy bonito.
ResponderEliminarse va a escuchar quizas feo pero le juro que no es tan asi, jaja pero es que yo me enamoro en cada esquina jajaja pero es padre estar enamorado, no es padre que no te correspondan
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