Un 5 de julio vinieron a nuestras vidas y un 4 de noviembre se fueron, llegaron 3 días antes de que su papá cumpliera años y se marcharon 4 días antes de que su mamá los cumpliera.
Bebés hermosos, Santiago Itzae y Ángeles Natsumi, los vamos a amar siempre y jamás los vamos a olvidar, estarán en nuestros corazones y pensamientos, ahora son angelitos que están con Dios y sé que desde donde están van a ser felices, vayan con esa tranquilidad que les quisimos dar mis bebés, que nosotros nos quedaremos con sus caritas y sus cuerpecitos en nuestros corazones.
Todo parecía estar bien, realmente no sabemos, no sé que paso, si bien es cierto que existía esa posibilidad de que pasará lo que al final terminando sucediendo, no quisimos pasar por nuestras mentes nunca que era algo real, preferimos pensar en el milagro que estábamos esperando y que todo saldría perfecto, pero Dios tenía otros planes y pesé a que todo indicaba que íbamos en buen camino, la realidad era otra.
Le agradezco a Dios que me haya dado la oportunidad de parirlos, de sentirlos crecer y moverse en mi vientre, y de sentirlos pasar por mi cuerpo cuando decidieron que ya era tiempo de irse, le doy gracias por darnos la oportunidad de despedirnos, de poder conocerlos, de tocarlos cuerpo a cuerpo y no dejar sólo en nuestra imaginación como eran.
Hoy al despertar me di cuenta que Santiago era el que siempre andaba de pingo de aquí para allá como yo, pero que siempre estaba poniendo su mano en su carita como su papá, y que Ángeles, mi niña era más quietecita como su papá siempre en un sólo lugar sin moverse, pero tímida como yo, sobretodo a la hora de estarla revisando, eran nuestros hijos y tenían un poco de ambos, eran hermosos, se iban a parecer a su papá y estaban perfectos. Ángeles disfrutaba sentirse cerca de los perritos o gatitos cuando recargan su cabeza en mi vientre, ella siempre estaba pegándose a ellos, no le gustaba que me durmiera aplastándola y me pateaba mucho al inicio, Santiago era el huapachoso, le gustaba la música, le dio miedo también la vacuna, ambos se emocionaban cuando papá los tocaba por la pancita y ambos brincaban cada que Zyanya aullaba, los dos eran muy sanos porque no les gustaba cuando comía grasas y amaban el chocomilk con plátano.
Ellos lucharon hasta el final estoy muy segura de ello, porque en 4 días habían ganado bastante peso que era a lo que nos teníamos que enfocar ya que los íbamos a hacer nacer a los 7 meses, ellos lo iban haciendo bien, todavía los escuchamos horas antes del momento trágico, pero algo paso, la vida, Dios, la casualidad, el infortunio, no sé, no sé que paso, sólo sé que ya no están con nosotros en este plano físico aunque en el espiritual si.
Nosotros también luchamos, pero no fue suficiente, perdimos la batalla y ahora sólo nos toca buscar resignación y seguir avanzando. Mario quería culparse por lo sucedido, yo también, pero lo cierto es que no fue culpa de ninguno, no directamente, quizás un poco mía, por mi cuerpo que es el que no lo soporto pero es debido a una deficiencia que tengo y que no sabíamos.
No entiendo a Dios muchas veces, no sé porque pasan ciertas cosas, pero dejaré que me guíe a donde quiere que vaya.






