Cuando uno escribe para satisfacer la inspiración interior del alma, uno da a conocer por lo escrito, aun sin quererlo, hasta la más mínima fibra de su ser y de su pensamiento.

Germaine De Staël

MEMORIAS

jueves, 24 de septiembre de 2026

Un ejercicio sobre el anhelo de ser mamá

 Bueno, aquí va otro de los escritos que hice en el taller, en este caso el ejercicio fue buscar un anhelo ya sea cumplido o por cumplir y redactar lo contrario, es decir, si era uno cumplido, redactar como sería la vida ahora si no se hubiera cumplido y viceversa, yo quise hablar sobre el tener hijos, aunque la primera parte es real de mis días de embarazo, pero ya lo siguiente es una escena que me imagine justo para este ejercicio. Y pues helo aquí. 


Mi anhelo: tener hijos.

Debo admitir que no siempre lo tuve. Sin embargo, un día me descubrí deseándolo con fuerza. Ahora, con mi Abril de tres años, he descubierto que no ha sido fácil, pero soy feliz.

Además, me di cuenta de que es cierto lo que dicen: “genio y figura hasta la sepultura”, pero deberían incluir que desde antes de nacer, cuando están en la pancita, ya se les forma ese genio y sus gustos.

Un día, estando yo embarazada y siendo ya la hora de la comida, me llevé una gran sorpresa. Como buenos mexicanos, las tortillas no podían faltar, pero me dieron náuseas. Sí, el olor a maíz, el olor de la tortilla se volvió insoportable.

Regañé a mi niña. Le dije que no podía hacer eso, que México era el país del maíz y que mucha comida deliciosa está hecha con esa base. Me hizo sufrir una semana más, pero luego ya todo normal, o eso creía yo, porque aquí estoy, tres años después, intentando hacer que se coma su sope y ella haciendo tremendo acto de rebeldía, diciendo que le da asco y no lo quiere.

Pero, ¡hija mía!, ya habíamos tenido esta conversación. Claro, dudo que la recuerdes.

Ser mamá no es sencillo; no obstante, ha valido la pena cada segundo. Mi Abril vuelve a la casa un caos que nunca termina. Los juguetes tirados por doquier parecen no tener fin y hemos instalado un campamento permanente en la sala. Ella jura que es una mansión. A mí me recuerda cuando yo jugaba con mi hermano. De hecho, él fue quien me enseñó a hacer estas casas con sábanas y palos de escoba.

La risa de mi hija llena la casa de alegría cuando llega su padre. Ver su cara de felicidad no tiene precio.

Quizás no siempre soñé con ser mamá, pero ahora, con Abril, me pregunto: ¿en qué momento aquella niña que me hizo odiar el olor a maíz terminó siendo mi mayor anhelo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Y TU LO DICES ASI: