Cuando uno escribe para satisfacer la inspiración interior del alma, uno da a conocer por lo escrito, aun sin quererlo, hasta la más mínima fibra de su ser y de su pensamiento.

Germaine De Staël

MEMORIAS

lunes, 23 de marzo de 2026

No era amor, pero era verdad

 Esta es otra historia "pal' libro" como les llamo yo. 

Esta no es una historia de amor, es más bien una historia de pasión, esa que te llega como cuando eres adolescente, la que te hace sentir que la vida es bella y el cuerpo liviano, no lo conocí por accidente, una amiga me había hablado de él con esa ligereza peligrosa con la que se anuncian las cosas importantes, como si no supiera que hay nombres que llegan antes que las personas. Yo ya sabía que iba a estar allí, sabía incluso, que debía tener cuidado, aun así, fui, entré al lugar con la curiosidad alerta y el corazón dispuesto a negar cualquier evidencia.

 Cuando me lo presentaron, bastó un minuto —tal vez menos— para entender que entre nosotros había algo imprudente, una chispa que no pedía permiso ni explicaciones, hablamos como si nos conociéramos de antes, como si hubiéramos quedado pendientes en otra vida y el tiempo, generoso o cruel, nos hubiera vuelto a cruzar solo para recordárnoslo. La química fue inmediata, indecente, no hubo tiempo para la duda, desde el primer minuto supe que algo se había desordenado.

 Yo tenía pareja, él también, eso nos daba una falsa sensación de seguridad, como si los compromisos fueran un chaleco antibalas contra el deseo, y aun así, el cuerpo no sabe de compromisos cuando el alma se despierta.

 Nunca mencionamos a nuestras parejas, aunque estaban ahí, invisibles pero presentes, como un acuerdo tácito de buena conducta. El deseo, en cambio, no respetó ningún pacto, se sentó entre nosotros con descaro, vivía en las miradas largas, en las sonrisas que llegaban tarde, en el roce accidental de las manos que nadie se apresuraba a corregir.

Pasó una vez.

Una sola vez, y fue suficiente.

 No fue un accidente, fue una decisión breve y clara, un cruce de cuerpos que no pedía futuro ni repetición, no hubo promesas ni planes, solo una verdad sostenida el tiempo justo para no convertirse en mentira, después, el mundo volvió a su lugar, aunque no exactamente igual.

 Y fue ahí cuando entendí algo incómodo: que la sensación de engaño no apuntaba donde yo creía, volví a mi pareja con la impresión extraña de estar ocultando algo que había sido, paradójicamente, honesto, como si al regresar estuviera traicionando esa única vez en la que me permití no fingir.

 Después cada uno siguió su camino, como se espera de las personas que no quieren hacer daño, regresamos a nuestras vidas con una mezcla incómoda de alivio y pérdida, nada se rompió de forma escandalosa, pero algo quedó marcado, como una grieta fina que solo se nota cuando la luz da de cierto ángulo.

 Seguimos siendo amigos, que es una palabra osada cuando hay historia debajo, aprendimos a estar sin cruzar líneas, a hablarnos sin tocarnos, nunca volvimos a mencionar aquello que pasó, pero lo llevábamos con nosotros, discreto, bien educado, atento a cada gesto.

 A veces me pregunto si él recuerda ese primer día como yo: con la sensación de haber llegado sabiendo demasiado y aun así no haber sabido nada. Si en ciertos momentos piensa en mí con esa nostalgia que no duele, pero acompaña.

 No fuimos una historia de amor, al menos no en la forma tradicional, fuimos algo más discreto y quizá más honesto: la prueba de que no todo lo que se siente debe vivirse hasta el final, que hay personas que llegan no para quedarse, sino para enseñarnos quiénes podríamos haber sido, un momento exacto en el que entendí que el deseo no necesita repetirse para ser verdadero y que una mujer puede elegir una vez —solo una— y llevar esa elección consigo sin arrepentimiento.

 Porque algunas cosas no regresan, no porque falten, sino porque ya dijeron todo lo que tenían que decir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Y TU LO DICES ASI: